Hay muchas tradiciones navideñas diferentes a la nuestra. Lo que no cambia es el espíritu alegre y festivo que lo invade todo.
La Navidad es un tiempo de alegría y festejo que se celebra de formas muy diferentes en distintos lugares del mundo, según tradiciones, creencias y cultura de cada país.
El sábado previo a la Nochebuena se celebra el Festival de Farolillos de San Fernando, capital de las Navidades Filipinas. Once pueblos participan en él, compitiendo para ver quién construye el mejor farolillo.
Al principio los farolillos estaban hechos con papel japonés y medían apenas medio metro. En la actualidad los farolillos se hacen con materiales diversos y pueden llegar a medir más de seis metros. Crean diseños caleidoscópicos que iluminan con bombillas.
Es tradición mantener viva en la bañera la carpa que formará parte del menú de Nochebuena. También siguen esta curiosa tradición navideña en Alemania, Austria, República Checa, Croacia y Eslovaquia.
En Nochebuena es costumbre acudir a la sauna para relajarse y comer gachas de avena con una almendra escondida. Quien encuentre la almendra tendrá suerte todo el año.
Se estima que cerca de cuatro millones de familias japonesas comen pollo frito en Nochebuena, debido a la campaña publicitaria «Kurisumasu ni wa Kentakkii» (Kentucky por Navidad) que lanzó la cadena de restaurantes KFC en los años 70. El éxito de la campaña se atribuye a la falta de tradición navideña en Japón. El menú navideño de KFC tiene tanto éxito que se reserva con meses de antelación. Incluye pollo frito, pastel y champán.
Befana es la versión italiana de Papá Noel. La bruja Befana es una hechicera vieja y fea pero amable. Cuentan que los Reyes Magos andaban un poco perdidos y se detuvieron en casa de Befana para preguntarle hacia donde tenían que ir para visitar al Niño Jesús y la invitaron a ir con ellos. La Befana les dijo que no podía ir porque estaba muy ocupada. Cuando ya se habían ido, la bruja Befana cambió de idea y trató en vano de encontrar a los Reyes Magos.
Ahora surca el cielo en la noche del 5 de enero, la víspera del día en que los Reyes Magos hicieron sus regalos al Niño Jesús. A diferencia de Papá Noel, la bruja Befana no reparte regalos, sino que deja dulces a los niños que se portaron bien y carbón a los más traviesos.
En la ciudad mejicana de Oaxaca, el 23 de diciembre se celebra un festival en el que se venden rábanos cuidadosamente tallados con formas humanas, de animales y arquitectura tradicional para representar la vida cotidiana.
Los rábanos tallados se compran para colocar como centros de mesa en las comidas navideñas.
En Noruega, para evitar que las brujas malvadas acudan en busca de su medio de transporte favorito y hagan de las suyas, esconden todas las escobas.
Cuentan que una familia muy pobre quería hacer un árbol de Navidad del abeto que había delante de su casa, pero no se podían permitir comprar los adornos. Viendo lo tristes que estaban los niños, unas arañas tejieron sus brillantes hilos alrededor del abeto durante toda la noche. Al amanecer se habían convertido en hilos de oro y plata.
Ahora las familias ucranianas decoran el árbol de Navidad con telarañas, convencidos de que traen buena suerte.
Las tradiciones hablan de la historia de los pueblos y mantienen vivo el sentido de unión y pertenencia.
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